MONÓLOGOS DE LA HIPOCRESÍA

dinerodentroEl fútbol gerenciado y su concepción ideológica. Fotografía de lo que se empecina en no morir. Una mirada histórica y actual sobre el avance privatizador y sus consecuencias en las sociedades deportivas civiles sin fines de lucro. 

 

Semanas previas al 14 de mayo de 1989 el candidato riojano Carlos Menem prometía en cuanto acto partidario realizaba que no estaba dispuesto a poner la bandera de remate al país. Agobiado por una crisis económica alarmante el gobierno de Raúl Alfonsín estaba preparando un proceso privatizador de la mano de Rodolfo Terragno, uno de los últimos  Ministros de Economía de la gestión radical. 

  La entrega de mando no significó otra cosa que la profundización de lo que se venía dilucidando en el horizonte. Los medios comenzaron a recitar monólogos en contra de las empresas manejadas por el Estado. Se inició un proceso de privatizaciones, desprendiéndose la nación de una numerosa cantidad de recursos naturales y servicios públicos.

Se entregaron áreas estratégicas. Los hidrocarburos se concedieron prácticamente sin resistencias. Miles de kilómetros de vías férreas dejaron de funcionar, quedando únicamente las que eran rentables para las concesionarias. Lo mismo sucedió con la luz, el agua, el gas, las empresas siderúrgicas, Aerolíneas Argentinas… Un país quedó a merced de grupos económicos de capital nacional y extranjero.

 Pero esta política expoliadora no trajo solamente consecuencias materiales. Comenzaba a instalarse un concepto que sería fundamental para la consolidación de este modelo: la idea de consumidor.

Los apóstoles

“Acá hay equipos chicos que están mal y deben cambiar, pero no será fácil. Hay resistencia lógica por parte de los socios, pero no podemos cerrar los ojos ante esta nueva Argentina”. La “nueva Argentina” que Fernando Galmarini advertía en las páginas de la revista “El Gráfico” de principios de los noventa se trataba de una suerte de “europeización” del fútbol. En ese entonces era diputado del partido gobernante e impulsaba su proyecto de ley que permitía la aparición de las Sociedades  Anónimas. En el viejo continente es normal que los clubes de fútbol sean dominio de un puñado de personas.

 En 1993 Roberto Cruz se hizo cargo del fútbol profesional de Mandiyú de Corrientes. Meses atrás el Comité Ejecutivo de la AFA había rechazado casi por unanimidad un proyecto para dar lugar a inversores que decidieran hacerse cargo de la parte deportiva. La iniciativa del inversionista incluyó la incorporación de jugadores de mediana categoría y la contratación de Diego Armando Maradona como técnico.  

Al tiempo que esto ocurría comenzaban a aparecer caras que respaldaban la idea de privatizar las instituciones que desde siempre fueron patrimonio de los socios. El economista Carlos Melconian – ferviente simpatizante de fútbol- definía a las asociaciones sin fines de lucro como “tierra de nadie”. Apareció una oleada de grupos económicos (asociados entre sí en algunos casos) con la intención de hacerse de instituciones deportivas de distinta envergadura.

 Uno de los principales interesados era el grupo SOCMA, cuya cabeza principal era Mauricio Macri. En el término de dos meses un grupo empresario que representaba Pedro Pompillo intentó manejar Quilmes y Deportivo Español, ambos sin llegar a buen puerto. Pompillo acompañaría posteriormente al actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en la presidencia de Boca Juniors. En aquel momento tenía el respaldo de SOCMA. El mismo Macri le propuso a los directivos del Deportivo Italiano llevarlo a jugar a Mar del Plata y cambiarle de nombre; Italmar.

 Lo que acontecía en el país repercutía indudablemente en el plano deportivo- institucional. Una importante cantidad de periodistas deportivos les dieron micrófono a dirigentes, empresarios y representantes de futbolistas de esta índole. Comenzaron a ser hábito las editoriales que defendían la aparición de estas sociedades. Hasta ese entonces nadie parecía advertir lo que ocurría con una política que estaba llevando al país a incrementar la desocupación, a cerrar las miles de pequeñas y medianas empresas, y a propiciar el achicamiento del Estado.

Nada de lo que se evidenciaba en su correlato directo (el proyecto neoliberal) parecía ser analizable por la prensa. Más aún… las gerenciadoras recién estaban llegando. 

En Racing, Osvaldo Otero triunfó en las elecciones de 1995 sobre el oficialismo, liderado por Juan De Stéfano. La sensación que se respiraba en la institución era que se había derrotado al personalismo. El flamante presidente había sido funcionario de gobierno de la presidencia alfonsinista. Auspiciaba un proyecto “acorde con el mundo globalizado”, según sintetizaba en sus discursos. Para ello trajo a inversionistas para formar un equipo con figuras. La resultante de dicha política fue el aumento del pasivo de manera considerable. Osvaldo Amadeo Otero fue abogado del grupo inversor que integraba SOCMA y Pedro Pompillo.

 El caótico desempeño de los dirigentes llevó a que el presidente Daniel Lalín, quien fuera parte del gobierno de Otero, pida la quiebra de la entidad en julio de 1998.  Nueve meses después la Cámara II de Apelaciones de La Plata ordenó el cierre de la institución y la inmediata enajenación de todos sus bienes. Se buscaron diversos medios de salvataje; entre ellos, un préstamo del Banco Provincia. 

 Fueron muchos los periodistas que se encargaron de vociferar contra esta intención. En ese momento se acordaron del Estado ausente, de la falta de insumos en los hospitales, de las carencias en el sistema escolar. “Paradojas de la vida”; ninguno de estos periodistas se escandalizó con las privatizaciones del sistema escolar o de la salud. Nadie se encargaría en adelante de repudiar la legalización por parte de la AFA de los gerenciamientos. En Racing se había puesto a un interventor (García Cuervas) para entregar la institución a un grupo económico. En Quilmes se iniciaría un proceso similar (y muy breve) con el Exxel Group. Periodistas como Adrián Rinaldi constituyen la excepción al silencio que los comunicadores tuvieron a lo largo de estos años.

 Cuando Racing avanzaba hacia la obtención del Torneo Apertura (2001) el discurso neoliberal aprovechó para resaltar el “orden y la eficiencia”. Mariano Grondona invitaba al gerenciador Fernando Marín para descubrir las “claves de éxito”.  Cuando finalmente pudo consagrarse campeón muchos periodistas se plegaron a apoyar dicha concepción. Entre ellos, Víctor Hugo Morales: “ Racing ha mantenido como una especie de voz de protesta contra la globalización y sin embargo, justamente, son esos otros tiempos los que llevaron a Racing poderse superar.  ¿A qué llamamos otros tiempos? El hecho de haber sido gerenciado, determinó que pudiera, en momentos difíciles para el fútbol del país, ordenarse y de ahí, posiblemente, sacar una gran respuesta”. 

 A mediados del año pasado el gerenciamiento terminó abruptamente. Con un enorme déficit operativo y con una deuda pos-quiebra aún no determinada.

 

Dos décadas después del principio privatizador y neoliberal aún se escuchan sus más despiadadas prédicas. Los ferrocarriles siguen siendo una herida abierta. Los recursos naturales aún no han podido recuperarse. Los grandes grupos mediáticos acaparan la inmensa mayoría de las voces posibles. En medio de esto el periodismo deportivo posmoderno hace gala del “macro-relato” del ideario privatista y consumidor.  Idéntico al resto de los comunicadores.

 

 

Osvaldo Jara

  

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